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HIPNOSIS HIPNOTERAPIA |
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HIPNOSIS. Uno tampoco puede quedarse
“bloqueado” en el estado hipnótico (lo peor que le podría pasar sería
quedarse dormido) y nadie nunca ha sido dañado por la hipnosis. |
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Ondas Beta 14 Hz (o ciclos por segundo) o más Ondas Theta 4 – 7 Hz Ondas
Delta 3 - 5 Hz |
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PREGUNTAS FRECUENTES. ¿Como
funciona la hipnosis? ¿Cuantas
sesiones serán necesarias? No. Aunque
la palabra “hipnosis” viene de la palabra griega que significa “sueño”, bajo
hipnosis uno no está dormido. Los métodos avanzados de hipnoterapia que
utilizamos son interactivos y requieren que uno conteste a preguntas durante
la sesión. ¡Esto no sería posible si el cliente estuviera durmiendo! La
hipnosis es un estado elevado de conciencia que ocurre de forma espontánea en
la vida cotidiana. ¿Perderé
la conciencia? Aunque bajo
hipnosis la persona parece estar dormida, la hipnosis no es el sueño. Ud. no
perderá la conciencia de lo que estará ocurriendo, y lo oirá todo. Ud.
siempre mantiene el control de la situación. ¿Me
acordaré de lo que sucedió? Contrariamente
a la falsa creencia difundida por Hollywood, la hipnosis no es un suero de
verdad. Durante la sesión Ud siempre mantiene el control de lo que quiere
expresar o no. De todas formas, cabe recalcar que todo lo que se dice durante
la sesión es tratado de forma confidencial. ¿Perderé
el control de mis actos? Uno
permanece siempre consciente de todo durante la sesión, de forma que uno
mantiene tanto el control como en cualquier otra circunstancia. Toda hipnosis
es auto-hipnosis: el terapeuta es un guía que le acompaña hacia el alcance de
su meta. ¿Pueden
obligarme a hacer cosas que no quiero durante la hipnosis? Bajo
hipnosis Ud. no dirá o hará nada que vaya en contra de sus principios éticos
y morales y de sus instintos o que pueda dañarle. Asistí
a un espectáculo de hipnosis y tengo miedo a que me haga ladrar como un perro
o hacer otra cosa que normalmente no haría. Estar en
hipnosis es como experimentar una ensoñación. Es como si descansase en una
butaca o tumbado, sin estar dormido. Ha oído alguna vez de alguien que
hubiera estado bloqueado en una ensoñación o un descanso? Incluso si el
terapeuta dejase el despacho (lo cual nunca ocurriría), muy pronto Ud.
volvería a su estado de vigilia normal, del mismo modo que vuelve a sí
después de haber descansado con los ojos cerrados en cualquier otro momento. ¿Como
se siente uno bajo hipnosis? La hipnosis
no se caracteriza por una sensación en particular. Más bien se trata de una
sensación a posteriori. Uno se da cuenta de lo relajado que ha estado cuando emerge
de la hipnosis,. ¿La
hipnosis funciona de verdad? ¿Es
segura la hipnosis? HISTORIA
: HIPNOSIS - HIPNOTERAPIA. La hipnosis es un estado
temporal de la conciencia situado entre la vigilia y el sueño, muy parecido
al que ocurre espontáneamente en el sonambulismo o al soñar despierto, pero
provocado de manera artificial por medio de la sugestión. Si la técnica se
emplea con fines curativos, se denomina hipnoterapia. Al igual que el sonámbulo, la
persona hipnotizada puede realizar ciertas tareas con eficiencia, evitar los
peligros, ejecutar instrucciones y hablar con suficiente lucidez, pero hay
algo que sólo ocurre en el trance hipnótico: el individuo deja en manos del
hipnotizador una parte de su voluntad y del dominio que normalmente ejerce
sobre sí mismo. El terapeuta aprovecha esa
circunstancia para producir cambios físicos y mentales: curar determinados
padecimientos, provocar relajación, aliviar el dolor y ayudar a evocar
acontecimientos del pasado que puedan influir en los problemas presentes de
la persona. La palabra “hipnosis”
(derivada del griego hypnos, “sueño”) fue usada por primera vez en 1843 por
James Braid (hacia 1795-1860), cirujano escocés que revivió el uso del
mesmerismo para suprimir el dolor físico durante sus operaciones. Casi
simultáneamente, en Calcuta, James Esdaile (1808-1859) recurrió al mismo
método con fines idénticos. La práctica de ambos médicos contravenía la
doctrina oficial, que más de 60 años antes había condenado el mesmerismo. Aunque la eficacia del
hipnotismo para suprimir el dolor resultó evidente, la técnica volvió a
proscribirse, esta vez debido al surgimiento del éter, el cloroformo y otros
anestésicos de efecto rápido y seguro. Todavía a principios de nuestro
siglo, la medicina ortodoxa hizo una nueva revisión del hipnotismo, tan sólo
para desaprobarlo una vez más; de hecho, su empleo apenas se ha generalizado
en los últimos 50 años. Actualmente, los hipnoterapeutas consideran que el
trance hipnótico favorece la curación al permitir que la mente y el cuerpo
alcancen un estado de relajación imposible de conseguir en el estado de plena
conciencia. Desde luego, la curación no se realiza
por arte de magia, sino que supone el esfuerzo conjunto de terapeuta y
paciente. Utilidad La hipnoterapia ha demostrado su
eficacia en el tratamiento de enfermedades de la piel, migraña, úlceras
pépticas, síndrome de colon irritable y otros padecimientos físicos
relacionados con la ansiedad, el estrés y la histeria, así como para combatir
el asma, el insomnio y las fobias, aliviar el dolor y facilitar el parto. Por otra parte, la hipnoterapia
ayuda al paciente a adquirir confianza en sí mismo al superar en
retrospectiva experiencias de su vida pasada, lo que puede contribuir a
resolver sus dificultades presentes y a abandonar hábitos perjudiciales como
el tabaquismo y otras formas de adicción. ¿ Como es en una
consulta ? El requisito indispensable de
todo hipnoterapeuta es una buena preparación. También conviene que el
paciente pida referencias. El terapeuta debe inspirar absoluta confianza,
porque en el curso del tratamiento habrá que hablar sin reservas sobre los
asuntos íntimos que se relacionen con el padecimiento, y porque el estado
hipnótico supone dejar momentáneamente una parte del propio dominio en manos
del hipnotizador. Los procedimientos utilizados
varían de un terapeuta a otro. En general, la primera entrevista se dedica a
elaborar la historia clínica del paciente. El terapeuta le explicará cómo
transcurrirán las siguientes sesiones y le pedirá su participación para
determinar el objetivo del tratamiento: no es probable que en esa ocasión lo
hipnotice, pero sí que efectúe pruebas para conocer su susceptibilidad al
estado hipnótico. Este último se producirá en
entrevistas sucesivas, mientras el paciente se encuentra cómodamente sentado
o acostado, con la mirada fila en cierto objeto luminoso o llamativo, y
escuchando la repetición monótona de palabras o ademanes encaminados a
relajarlo. La sensación que se experimenta
durante la hipnosis se asemeja a la de un sueño ligero. Mientras el paciente
se halla en ese estado, el terapeuta lo guía para que analice sus problemas
desde un punto de vista distinto, aclare su conducta pasada y adquiera mayor
control sobre sus acciones futuras. La duración total de cada sesión oscila
entre 30 y 60 minutos. En raras ocasiones, el paciente
puede pasar de la hipnosis al sueño natural, lo que no indica sino que estaba
cansado y necesitaba dormir. Es infundado el temor de quedar hipnotizado o
bajo el dominio del terapeuta por tiempo indefinido; el propósito del
tratamiento no es controlar al paciente, sino todo lo contrario: devolverle
un control cuya pérdida ha ocasionado un trastorno emocional o psicosomático. Muchos terapeutas instruyen a
sus pacientes en la práctica del autohipnotismo una vez que los dan de alta,
lo que resulta particularmente útil en el caso del asma, el insomnio y otros
trastornos recurrentes. Para ello se prescriben generalmente ejercicios
diarios de media hora de duración, a veces con ayuda de una grabación
proporcionada por el terapeuta. El
punto de vista ortodoxo Aunque todavía no se dispone de
una explicación científica convincente sobre la naturaleza exacta del estado
hipnótico, la ciencia reconoce la eficacia de la hipnoterapia para aliviar
ciertos tipos de dolor, tratar enfermedades psicosomáticas y combatir
numerosos padecimientos causados por el estrés y la ansiedad, una vez que
éstos se han diagnosticado debidamente. Está demostrado que la evocación
de acontecimientos pasados durante la hipnosis produce las mismas reacciones
fisiológicas (ritmo cardiaco, actividad cerebral, etc.) que la persona probablemente
tuvo al vivir dichos acontecimientos. Las personas hipnotizadas que evocan su
primera infancia presentan, además, un reflejo exclusivo de los recién
nacidos: doblan los dedos de los pies hacia arriba al oprimirles las plantas
(a partir de los seis meses de edad, los dedos se doblan hacia abajo). Pese a las pruebas anteriores,
algunos escépticos arguyen que la hipnosis no existe en realidad, y que el
singular comportamiento de la persona “hipnotizada” podría explicarse
simplemente como una inhibición momentánea de la noción de la realidad
circundante, con el predominio de la introspección y la imaginación. Por
consiguiente, el estado “hipnótico” permite que surjan y se desarrollen
ciertos pensamientos que la autocrítica propia del estado de alerta
normalmente rechaza. La hipnoterapia tiene al parecer
siglos de existencia como práctica curativa de muchos pueblos, incluyendo la
antigua Grecia. Sin embargo, el hipnotismo tal como lo conocemos en los
países de Occidente no comenzaría su azarosa historia hasta los tiempos del
médico austriaco Franz Anton Mesmer (1734-1815). Al estudiar el magnetismo,
Mesmer se convenció de que se trataba de un flujo invisible que corría a
través de todos los seres del universo conectando unos a otros, y de que la
enfermedad no era sino consecuencia de su desequilibrio concluyó así que, con
ayuda de unos imanes podría restablecer el equilibrio y sanar a los enfermos.
Los éxitos que obtuvo con la aplicación del magnetismo animal, como llamó a
su teoría, lo hicieron célebre entre la alta sociedad vienesa de su tiempo.
No obstante algunos fracasos le valieron la condena de la Universidad de
Viena y en 1778 tuvo que instalarse en París. Allí volvió a rodearse de
adeptos influyentes que acudían con entusiasmo a presenciar sus
demostraciones. Los pacientes se apiñaban para tocar una tina de agua con
limaduras de hierro mientras cierta música suave y una luz tenue los
incitaban al trance hipnótico luego valiéndose de una varilla de hierro,
Mesmer les dirigía su influjo magnético. Las investigaciones modernas indican
que las curaciones así logradas se debían sobre todo a la atractiva
personalidad del médico y a su extraordinaria capacidad para sugestionar a la
gente. Los médicos formales franceses
se resintieron de la fama de Mesmer; tras someterlo a una averiguación que no
halló ninguna explicación científica para sus métodos, acabaron por tildarlo
de charlatán. Con el tiempo, su doctrina, conocida como mesmerismo, quedó
relegada al olvido. |
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